
Montevideo.
Ciudad vieja...de carros y caballos cansados...que deambulan por avenidas angostas.
Ciudad venida a menos.
Ciudad con aura de mar y soles de candombe.
De Murgas y de Llamadas.
De eternas ofrendas florales para YEMANJÁ.
Allí se encuentra la hermosa damisela de ojos grises....
ojos sabios....repletos de pasado y espanto.
Con sus mates de hierbas extrañas
que curan los males del alma y alivian las penas del desamor.
93 años de pura empiria y promesas cumplidas de fidelidad eterna.
Extraño tus manos firmes...manos de campos añorados....
manos rebeldes al temblor de la vejez.
Me aferro a tu voz suave y dulce
cada vez que necesito volver desde mis abismos...
y a pesar de mis osadías te llevo conmigo escondida en cada uno de mis pudores.
Hermosa Servanda de mi alma...
se me quedó grabada en la memoria,
el milagro de tu voz chiquita...aquella tarde húmeda de marzo,
regalándole una canción de cuna a mi hijo.