
El ceremonial comienza siempre en el momento de lo exacto...no hacen faltas alertas en arena para anticipar la llegada de la angustia.
Alcanza la reedición completa de sus miedos infantiles en una sola idea absurda imposible de ignorar.
Parece sonreír...en un instante de pura alqumia.
La sonrisa no delata solo placer...no es sino la expresión de un disfrute que parece devenido de un más allá...puro goce y oralidad.
Una sonrisa y ese fluido rojo en sus labios.Un pacto y su cuerpo instrumento de expiación.Un ritual inevitable, comandado por el terror de ese estar demasiado a merced de represalias terrenales y divinas, terremotos y derrumbes espirituales.
En lo profundo de su mirada todo está meticulosamente distribuido...perfecciones deseperadas en anhelos de elementos equidistantes por doquier...
Cada una de las velas es una oración no escuchada...
Sus labios se preparan para repetir las palabras del perdón en el orden requerido...necesario...inconmovible
Y una redención que se retrasa... a la luz de las oraciones que ayer fueron silenciadas.
Todo transcurre según lo pactado...tal y como aquello que siempre retorna al mismo lugar.
Duda y postergación. Deseo en vaivén desde la base de lo imposible.
El ceremonial ya está transcurriendo...
Y el perdón no tarda en llegar...de la mano de un dolor tan rojo como aquel resplandor de fluidos en su boca.